Hemoglobina Glicosilada - HbA1C

Cuando los niveles de glucosa sanguínea son altos, la hemoglobina (proteína que lleva oxígeno en la sangre) cambia. Dichos cambios están en proporción directa a los niveles de glucosa durante un cierto período de tiempo (unas pocas semanas).
La hemoglobina A1 reacciona espontáneamente con glucosa para formar un derivado conocido como Hb A1C. La reacción envuelve la formación no enzimática de una base de Schiff entre glucosa y el grupo amino N-terminal de las cadenas B (valinas). La base lábil de Schiff luego se convierte en la cetoamina más estable.

Utilidad
Las complicaciones de la diabetes pueden aparecer debido a niveles de glucosa elevados, y por lo tanto, es muy importante monitorearlos.

Medir la glucosa sanguínea es útil para conocer su nivel en un momento dado, pero medir la HbA1C sirve para saber los niveles de glucosa de semanas atrás. Ambas mediciones son útiles y complementarias. Dichos niveles pueden estar elevados a pesar de la terapia de insulina. Por lo tanto, es útil medir los niveles de HbA1C para tener idea de la eficacia de la terapia de insulina. Si se controla mejor el nivel de glucosa sanguínea a través del tiempo, se obtendrán valores de HbA1C más normales.

¿Cómo interpretar los valores de HbA1C?

Normalmente la concentración de HbA1C es muy baja, pero en el diabético, donde los niveles de glucosa pueden estar elevados, la concentración de HbA1C puede alcanzar 12% o más de la hemoglobina total. El nivel normal es menos de 7%. El diabético raramente logra este valor, ya que si hay poco control sobre su glucemia, los niveles estarían sobre el 9%, y si hay un control aún menor, los niveles estarían sobre el 12%. Los especialistas en diabetes recomiendan a sus pacientes medir la HbA1C cada 3 a 6 meses.

Por lo que se puede observar, el paciente Amador A’Petitus mantuvo los niveles de glucosa ligeramente elevados, al menos en las últimas semanas, ya que su hemoglobina glucosilada es de 7.5%

Lípidos

Conocer los niveles de lípidos en el paciente nos brinda información muy útil sobre el riesgo que tiene de desarrollar ciertas enfermedades o de empeorar una existente.
Se conoce que de un 80 a un 90% de los pacientes con diabetes tipo II son obesos, lo cual está relacionado con el hecho de que la obesidad ocasiona resistencia contra la insulina. La obesidad puede deberse a muchas causas, como por ejemplo, la deficiencia en la producción de leptina, pero la causa más probable es el desequilibrio entre calorías consumidas y calorías quemadas, ya que se consume más calorías de las que se queman.
Luego de comer abundantemente, sobre todo carbohidratos, se llegará al punto en el cual la glucosa va entrando en el hígado en grandes cantidades, sin importar la presencia o ausencia de insulina, porque los transportadores de glucosa del hígado (GLUT 1 y GLUT 2) no requieren de insulina para transportar glucosa.

Esta alta disponibilidad de glucosa servirá para sintetizar entre otras moléculas, triglicéridos y colesterol que luego exceden las cantidades necesarias. De forma similar aunque en cantidades un poco menores, ocurre en los diabéticos tipo II, porque la insulina tiene una efectividad un poco menor por la resistencia comentada anteriormente.
El exceso de triglicéridos y colesterol en el hígado es exportado en la sangre bajo la forma de VLDL hacia el tejido adiposo y los músculos. Los triglicéridos de la dieta son transportados desde el intestino bajo la forma de quilomicrones, los cuales proporcionarán los ácidos grasos en forma idéntica a los VLDL. El VLDL ó quilomicrón se enlaza a la “lipasa de lipoproteína” en la membrana del adipocito o de la fibra muscular y ocurre la lipólisis del Triacilglicerol (principalmente) para incorporar los ácidos grasos a la célula y dejar el remanente de VLDL (que sería un LDL) ó de quilomicron en sangre. Luego el LDL (remanente de VLDL) puede llevar colesterol a un tejido que lo necesite (adipocito o fibra muscular).La obesidad se debe por una parte al transporte de triglicéridos a los adipocitos. Por lo tanto, si los niveles de triglicéridos (del quilomicron, del VLDL) y el nivel de colesterol LDL (que casi siempre guarda relación con el del VLDL) son altos, existe cierta tendencia hacia la obesidad, sobre todos si las reservas adiposas no se gastan con el ejercicio físico. El nivel de LDL guarda relación con el nivel de VLDL, a menos que falten los receptores del VLDL en los adipocitos o en las fibras musculares, o que no haya insulina que logre desencadenar la activación de la lipasa de lipoproteína en adipocitos o fibras musculares.
Cabe señalar que es en los adipocitos y no en las fibras musculares, donde los ácidos grasos se esterificarán para formar moléculas de triacilglicerol. En el adipocito, la glucosa dará origen al glicerol 3 fosfato, el cual es una molécula que se necesitará en la formación del triacilglicerol. En los diabéticos tipo II, la glucosa pudo entrar al adipocito porque aunque el efecto de la insulina es menor, es suficiente para hacer aparecer en la membrana celular algunos transportadores GLUT 4, y además el GLUT 1, no requiere de insulina para el transporte de glucosa.Por lo visto anteriormente, el comer en exceso eleva los niveles de LDL, VLDL y triglicéridos, causando o incrementando la obesidad, incluso en los diabéticos tipo II, los cuales tienen resistencia a su propia insulina. Por eso, hay que tomar en cuenta que si no se sigue una dieta adecuada, una medicina como Metformina, que aumenta la sensibilidad a la insulina (disminuye la resistencia), puede aumentar aún más los niveles de LDL, VLDL y triglicéridos, con todo lo que ésto ocasiona.
Otro punto que se puede tomar en cuenta es que los niveles elevados de colesterol LDL y bajos de HDL, así como valores elevados de los triglicéridos, aumentan el riesgo de la formación de ateromas en las arterias de grueso y mediano calibre, con la consecuente pérdida de elasticidad en las mismas, elevando así la tensión arterial, hasta ocasionar hipertensión.
El LDL (remanente de VLDL) lleva el colesterol a los tejidos extrahepáticos, enlazándose a los receptores específicos presentes en las membranas celulares de los mismos, para penetrar a su interior mediante pinocitosis y son degradados en lisosomas, liberando así el colesterol dentro de la célula. Si la cantidad del colesterol liberado excede el necesario por las células, entonces se libera a la sangre, el cual podría penetrar en arterias y contribuir a formar ateromas. El HDL recoge el colesterol que se encuentra en la sangre, y lo lleva al hígado, razón por la cual es llamado “el colesterol bueno”.
En definitiva es muy importante controlar la cantidad de calorías consumidas (dieta adecuada) y de calorías quemadas (ejercicio moderado), sobretodo cuando se usa el medicamento Metformina.

“Todo lo dicho anteriormente resalta aún más la importancia que tiene para el paciente Amador A'petitus (por su diabetes tipo II e hipertensión) el controlar la cantidad de calorías consumidas (con un dieta adecuada) y las calorías quemadas (con ejercicio aeróbico moderado), y más aún, cuando se indicará el uso del medicamento Metformina.”